martes, junio 17, 2008

Miau

se entiende todo

la dinámica de la cobardía

el ahogarse en los fantasmas del tiempo

el devenir en bosque embrujado

el ocultarse entre las terminaciones del sentimiento

no hay voluntad

solo negación de los recuerdos

rechazo total y absoluto de los miembros

que se pronuncien en movimiento

una orquestación mediocre

casi como un monólogo enrabietado

lentamente devorado

la mecánica de la huida

es simple y fugaz

sencillamente requiere

un talento para el ocultamiento

no hay verdad detrás del disfraz

por eso es cómodo

porque se pliega al miedo

porque el gesto más sutil es calculado

y ofrendado a lo cotidiano

y entendido en una justicia deforme

un susurro falto de vocablos

una estructura para olvidar

se huye del dolor negando el sentimiento

una negación de la voluntad

una entrega completa a la ceguera

no existe lo que no se está sosteniendo

en el espejo de las máscaras

la naturalidad queda sacrificada

dando la espalda al recuerdo

una absoluta incapacidad para

cambiar de posicionamiento

la mirada es incapaz

de ignorar las mecánicas del propio cuerpo

todo enterrado

sin color sin súplicas

y sin remordimientos

lunes, junio 16, 2008

Sin las cosas

cansancio en las cosas

en la rotundidad de sus bordes

un lenguaje perdido que permita escapar

de la instancia de las cosas

rendirme ante el cansancio

y perpetuar esta especie de herida que no permite

abandonar la categoría del desencanto

lo peor ya ha pasado

la esperanza se deposita en los muebles

en los cuadernos

en los libros

y juntos reciben el polvo la suciedad y la mentira

esperanza

ilusión

calidez

recursos falsos para no mirar la herida

recuerdos abarrotados

cosificados

también en la memoria

su voz empieza a rodar lentamente

la distancia relega la corporalidad al lenguaje

un lenguaje sin cuerpos

entonces la movilidad se congela y se acomoda

en las cosas separadas

recuerdas con lentitud

para luego dejar el recuerdo quieto

como si el olvido comenzara en el instante

en que se pierde movimiento

domingo, junio 15, 2008

Equilibrio

una señora muy gorda abre las piernas y deja entrever el abismo

su mirada planea sobre un par de mesas vacías

y un paso más allá del cinismo se le dibuja una sonrisa histérica y desabrida

no hay ruido de fondo

abre las piernas y enseña el abismo y la locura

es ya solo cuerpo en el instante

en que la carne aprisiona a la calavera

los recuerdos están salpicados en las mesas vacías

disolviéndose en el polvo

precipitándose al vacío

en una sutil pérdida del equilibrio

todo está escondido

salvo el abismo y la locura

y el cuerpo entregado a una movilidad demente

una habitación hecha para la deformidad

una guarida para todos los rostros de lo decadente

viernes, junio 13, 2008

Espacio cedido a la frotación


Indicaciones: frótese, agítese y continue frotándose
Posibles efectos adversos: radicalización de posturas, frecuente estado de ebriedad y posibles alucinaciones y/o visiones proféticas con marcado carácter apocalíptico.
Contraindicaciones: No intente frotar si es usted un académico juicioso, un asiduo visitante de museos, un individuo de la especie de reciente explosión demográfica: modernillo-chocolo-afarensis o un coleccionista empedernido de Obras de arte.

Abstenerse los escritores con papeles. Corren riesgo de muerte por desmesuradas reacciones alérgicas.


Para obtener más información visite : www.frotacion.blogspot.com

viernes, junio 06, 2008

Mentir

Un padre de tierra de mentira

para crecer y florecer con unas terminaciones sin nervios,

terminaciones de palabra desmembrada.

La forma de un juguete, de una táctica armada en

una guerra de plástico.

La guerra de la infancia desesperada,

rabiosa como una jauría de niños devorándose

buscando pálpitos en sus miembros sin carne

sin letra

sin forma

sin casa.

Yo tenía un padre,

y en su nombre encontraba el aliento,

la protección contra las luces nocturnas.

Pero en su nombre encontraba ceguera

porque a mi padre se lo comió mi tiempo

y me devolvió una experiencia falsa.

Entonces me reconocí en la mentira,

yo como artífice,

yo como la eterna tejedora de escaparates.

La palabra, pequeña, me dice su voz lejana,

la palabra enferma y en la enfermedad arrincona.

Porque a través de ella la luz se filtra solo por partes.

Tú diseccionas la luz y eliges los espacios que queman

para representar gestos acartonados,

gestos que en los halos de luz arden.

La voz, pequeña, la voz también arde.

Es un incendio pequeño del lenguaje,

un hálito que nombra lo representable.

Se podría hablar de sueños,

de estados de conciencia, de estratos del pensamiento.

O simplemente decir ruido, decir que no hay verdad que no sea intercambiable.

Y decir también:

espacio de movimientos automáticos que expulsan al personaje.

Se podría hablar de médicos,

de estupefacientes y de aparatos.

Toda palabra, cada detalle, ocultaría un retaso del sentimiento,

modificaría la experiencia,

la sacrificaría a favor del pensamiento.

Del pensamiento-palabra situado

en el estrato de la primera conciencia.

Un perfecto funcionamiento del cerebro-máquina

de la máquina-lenguaje.

La impostura es la mecánica del engranaje.

miércoles, junio 04, 2008

Exceso

El camino se abre como una gran boca

mientras atraviesas un turbio cortinaje,

la senda del mounstro de las llagas.

Esperé, recordé, muy suavemente pedí,

busqué ropajes.

Y la experiencia fue siempre desmentida.

Oxidada.

“Dame ficción que es para lo único

Que me queda coraje”

Piensas

remiendas lo trazado

pero no quedan ropajes

quedan harapos estrictamente necesarios.

El frío de la ciudad

es el frío de los descampados

es la niebla de las fronteras

es el whisky barato de los burdeles a medio día

es el amor que se paga barato

Dime ¿para frecuentar un burdel me hacen falta ropajes?

Hay siempre alguien que te abraza en la mentira

y te acaricia

y te señala una delgada senda verde

mohosa

húmeda.

Una senda alternativa a la vida

que llega al mismo sitio

solo que por debajo.

El frío de esta ciudad

se lo soporta en cautiverio

en una resistencia clandestina

contra la bruma del asfalto

y la locura

y lo podrido

y lo cotidiano.

Noches afiebradas y

cuerpos contorsionándose en el vacío

frente a la hoguera de la felicidad nocturna

de la euforia

de la carne.

Mañana no habrá senda

cuando amanece siempre es tarde.

Canción para ocultarme en tus escaleras



Al final lo que importa es lo que hay detrás del personaje. Algo que supera lo representacional y, que de alguna forma oblicua, desencadena lo que acontece.

Se supone que mi voz corresponda al papel, entonces de manera automática comienzo con el monólogo (tan delicadas las finas hebras que me atan la voluntad con la palabra).

Tú respiras aliviado, aún no has perdido el control. Aún el papel se ajusta a lo representacional, aún a pesar de la conciencia del asunto, eres incapaz de pronunciar algo que escape a tu personaje. Tú también eres esclavo.

Pienso en Pessoa: “Tener necesidad de dominar a los otros es tanto como necesitarlos”

Dices que te duele el corazón, lo cual puede ser cierto, pero lo pronunciado no supera al personaje, no logra desbordarlo. En las palabras pronunciadas también se teje la respuesta, y al ser ambos, tú y yo, tan esclavos de nuestros papeles, me es imposible elegir el camino opuesto, el del silencio. Entonces la reacción es la esperada. En los asuntos propios de la inercia la convicción es una palabra tristemente oxidada.

Adictos a la necesidad.

El despertar temprano de la culpa como sistema de apropiación del acontecimiento. Elemental sí, pero absolutamente despiadado.

Reagrupación instantánea de los recuerdos y de lo deseado, de los márgenes de la historia. Es decir de la silueta que conforma la totalidad de los sucesos. En ella, quizás, podríamos hallar la verdad. Pero en este punto de la historia ha dejado de ser el argumento para convertirse en un simple decorado. Cuestión de proporciones más que de intensidades.

Susurros a manera de márgenes.

Una historia proporcional al lado más perverso de cualquier imposibilidad, proporcional también al lado áspero de lo inefable. Todo tan simétrico que aprisiona al sentimiento, o a lo que se cree que fue sentimiento.

Los impávidos.

Los boquiabiertos.

Los amantes gráciles.

Los pequeños y oscuros recovecos de una felicidad acartonada.

“Soy pobre amor. Soy tan pobre como si la nieve me entrara en los zapatos” Tan sencilla la cita literaria, tan de libreto. “Soy, cariño, la marioneta y el personaje”

Podría contar historias enteras a partir del punto trágico de lo cotidiano. Una tragedia con indumentaria de café de media mañana.

Lugares comunes y usados: por ejemplo decir que en este aeropuerto me despedí de ti.

Decir que teníamos una vida, quiere decir que los entramados representacionales estaban allí, en la taza de café de la mañana, en mi canto confundido y en tu guitarra.

Tú y yo encaramados al nosotros informe que nos permitieran los márgenes.

Escasez y sueño.

Las historias se acaban, o se perpetúan, cuando ya no se puede escapar de los papeles representados. Dos extremos para una misma realidad congelada.

La lógica de los sentimientos es fría, dijiste.

Los sentimientos son gélidos, te recuerdo, lo cálido son las representaciones que otorgan morada y encierro.

Cada día un recorrido, un escondite nuevo.

Recuerdo el descubrimiento de mi letra y el ocultamiento del cuerpo, como si fueran dos hermanos siameses.

Recuerdo esquinas recortadas de nuestras canciones.

Recuerdo salas de cine vacías e imágenes vaciadas por el afán del recuerdo.

Te recuerdo, debo admitirlo, en todos los papeles representados.

Lo nuestro siempre fue un problema de movilidades, un chirrido lentamente amplificado.

A veces quisiera cantarte una canción y herirte pero nunca demasiado.

La voz territorializa y el canto amarra.

Vuelve al redil me dices, con el corazón roto y la vergüenza en la garganta.

Trampas.

Telas de araña.

domingo, junio 01, 2008

Guillermo Bedregal


He soñado con una calavera. Era mía y yo la desempolvaba todas las mañanas. Permanecía en la parte inferior de mi estantería. Alguien entraba a la habitación y yo sentía una vergüenza enorme. Sabía que no entendería el trato que yo le daba a la calavera. La protegía, encorvaba mi espalda y le armaba un cuenco con mis manos, la mecía, le susurraba palabras secretas. Yo le daba la espalda a la persona que entraba para que no mirara a mi calavera empolvada. No, nadie lo entendería jamás. Era una calavera de apariencia falsa, y su textura recordaba inevitablemente al plástico.

He despertado recordando esta foto que tomé hace un año y medio.

También he recordado un poema hermosísimo de Guillermo Bedregal.

Es éste:




Funeral del principio


En esta instancia yo no conoceré mi calavera.
Sólo tú sabrás de mí cuando el olor de mi tierra sea
el olor de mi cuerpo,
cuando mis esperanzas principien en la última piedra
arrojada por ti hacía tu alma,
cuando el olvido te pueble durmiendo cualquier niño
y cierta música te recuerde mi amor,
en el amor desenterrado del ojo que atento mira el
universo
- a pesar de nuestros sueños se ha dado el cansancio
vital del misterio mío cobijándote,
del anciano tuyo que me hace doler las horas,
del ser nuestro que nos despide no bien hemos regre-
sado.


Saber mejor en tu cintura de aquel que desvincula este
dolor del pájaro que guarda tu presencia.
Duerme sin miedo mi ternura arrancando tu mirar del
agua.
El mago nombra el mes de la estancia:
en él te recuerda mi futuro y el pasado te ignora como
un hecho sólo mío.
Diciembre agota la canción de Dios en mi terror:
sabes cuánto amo tu cuerpo, tu cuerpo agotado en mi
cuerpo perdido en el asombro.
Y si te dejo vivir por sobre el sueño es sólo para re-
cordar la magia en el dolor de tu abrazo.