viernes, noviembre 21, 2008




Todo está a punto de suceder en la estructura desvencijada de mis días.
Lo admito, temo por el cuerpo, por las texturas que acarician mi garganta
por todo lo que confluye en un solo instante para luego vaciarme.
Tengo terror a los puntos aparte:
una incisión violenta en los significados.


El cuerpo es una caja cerrada repleta de intenciones
y de movimientos equilibrados en su reflejo.
Cerrar los ojos ante la posibilidad de imagen
mientras la gestualidad busca alargar las frases.

jueves, noviembre 06, 2008

Acertar
y tímidamente desdibujar con una sonrisa
lo que rodea al acontecimiento.

Luego ya nada es importante:
no basta con herir las palabras y perder las manos
nada de lo real tiene un lugar
perfectamente estructurado.

Todo está allí por una casualidad sin importancia
por una mezcla de excusas y despropósitos
que es realmente conmovedora.

Tocas en el tacto adormecido
del dolor de lo aparente,
un dolor acomplejado
sin ninguna intención de realizarse
en otra instancia que no sea la del desencanto.

Sostienes con las partes de tu cuerpo
pequeñas partículas de sensaciones
y te atreves a llamarlas sentimientos.

Todo tan contaminado por el lenguaje
que el peligro se transforma en un juego vano.
Tocas con los ojos cerrados
porque sabes que no hay otra verdad en el tacto
que la que te entrega la ceguera.

Te percatas de que el equilibrio
es una armonía azarosa:
cada paso te precipita
al abismo del cuerpo.
Cada paso te lleva irremediablemente
a la pérdida de referentes táctiles.

La vergüenza es una cuestión de reafirmación
decir que esta soy yo
y que las acciones son importantes.
Pero está el límite
ese que por momentos puedes llamar abismo o llamar verdad
y en ese límite las acciones son pequeños espasmos
inservibles.

martes, noviembre 04, 2008

Libertad

Los pingüinos están tomando el sol, algunos follan en tríos, otros simplemente están contemplando el gélido paisaje. Un grupo de expedicionarios sale a conseguir alimento, son 6 pingüinos. Caminan con ese andar gracioso de equilibrista que tienen. De pronto el grupo se divide y dos deciden volver al campamento, otros tres caminan en dirección al agua en dónde encontrarán comida. El que llama la atención es un pingüino que se ha quedado solo, mirando hacia las montañas como hipnotizado. No vuelve al campamento pero tampoco va en busca de comida, simplemente se queda allí petrificado. Pasado uno momento el pingüino comienza a correr con toda la rapidez que sus cortas patitas le permiten, corre en dirección a las montañas dónde no hay absolutamente nada. Se aleja del campamento y del grupo de expedicionarios, huye frenéticamente. Pero ¿a dónde? ¿Por qué? Los científicos dicen que si intentaran trasladarlo al campamento, él siempre volvería a huir a las montañas, siempre. En ese camino lo único que encontrará es la muerte segura. De todas maneras este es un comportamiento frecuente en algunos pingüinos. Da una tristeza muy extraña ver al pingüino de espaldas corriendo, huyendo. Uno no puede evitar sentir que esa es la verdadera libertad, aunque lo único a lo que se dirija sea a una muerte segura.