jueves, mayo 21, 2009

El prendedor





Un objeto puede cargar con todo el peso del mundo,
abandonado sobre una mesa
el brillo de su superficie es ajeno a su recorrido.
Un objeto abandonado puede cargar con todas las explicaciones del mundo
en su precisión para el no sonido.
Por supuesto hay una historia detrás,
existen ángulos que podrían transformar la visión
no sólo del objeto
sino de todo aquello que no le concierne.

Una vez olvidé sacar de mi ropa el prendedor ruso que me regalaste
y lo metí a la lavadora.
Cuando abrí la puerta y lo encontré
sentí como si viera un animal muerto,
recordé entonces los sonidos de la lavadora
como un mecanismo complejo de tortura.

El prendedor estaba allí, intacto
sólo se había desteñido una pequeña esquina.
Ese olvido reafirmó
de alguna manera extraña su forma,
el color desteñido de la flor y esos opacos pétalos rojos.
Parece un objeto antiguo
como si el tiempo ya hubiera pasado sobre él miles de veces
como si el abandono fuera parte ineludible de su forma

Parece un animal embalsamado.
No me lo he vuelto a poner
pero no dejo de cambiarlo de sitio.
Como si estuviera esperando que
de un momento a otro despierte
y me diga: el encantamiento ha sido roto.