martes, julio 28, 2009

Los letreros







Hay unas cuantas cosas específicas:
el vuelo de una mosca
el viento que arrastra una bolsa de plástico
(un bosque entero de bolsas de colores
adornando plantas muertas)
la caída de un vaso de cristal
el aullido de un perro a las diez de la noche.
Hay una rabiosa existencia en las cosas
una manera de dejarse observar que las reafirma.

Se trata de crear espacios,
repartir en ellos palabras y movimientos
enumerar y describir.
Decidir, por ejemplo, si las reuniones sociales
se celebrarán en el salón o en el dormitorio.
Es muy importante ralentizar las enumeraciones
para saborear la totalidad expuesta.

Ante el exceso de objetos repartidos en situaciones,
a veces la atención elije una posición de resistencia,
se centra en un letrero que dice peluquería
o mascotas en adopción
o instrumentos musicales.
El letrero contiene el resto de las cosas,
desviada la atención de las causas
de las instancias
y de los sujetos.
Entonces, el letrero, la bolsa de plástico y el perro
se liberan.

En un punto de la historia aparece una ciudad:
hay puentes cables tiendas máquinas insectos.
También hay revoluciones de dormitorio
tabernas luminosas
peleas callejeras.
Minúsculas resistencias de los objetos,
las situaciones y los letreros.
Hay en cada objeto una capacidad de resaltarse,
de contar con una carga de sentido inusitada
y liberarse.

sábado, julio 11, 2009

Lo imposible

"La lucidez de A. depende de una ausencia de deseo. La mía es consecuencia de un exceso -asimismo es, sin duda, la única verdadera. Si no es más que una negación del delirio, la lucidez no es lúcida del todo; es un poco miedo de ir hasta el final -convertida en aburrimiento, es decir, en desprecio del objeto de un deseo excesivo. Razonamos y nos decimos: este objeto no tiene en sí mismo el valor que le da el deseo. No vemos que la simple lucidez, que asimismo alcanzamos, es todavía ciega. Hace falta que nos percatemos al mismo tiempo de la mentira y de la verdad del objeto. Sin duda, deberíamos saber que nos engañamos, que el objeto es lo primero que discierne un ser sin deseo, pero eso es también lo que un deseo discierne en él. B. es asimismo lo único que alcanza el extremo del delirio, y mi lucidez no existiría si mi delirio fuera menor. Al igual que ella no existiría si los demás rasgos, irrisorios, de B. se me escapasen."

Georges Bataille

miércoles, julio 01, 2009

La botella




Una botella de vidrio cae. Durante su caída el tiempo es otro. Un tiempo subyugado a la caída y al objeto. El destrozo produce un sonido seco. Hay partes de la botella que han recorrido un espacio considerable: hay cristales en todo el salón, en el cuarto, bajo los muebles. Uno pedazo pequeño se ha incrustado en la mano de quién dejó caer la botella.
Disgregación. Sonido seco que antecede la aparición de pequeños trozos inservibles. Piso mojado. Pequeña gota de sangre en la mano. El oído poco a poco se vuelve a acostumbrar a los sonidos usuales de la casa: voces de los vecinos, los ronroneos de la nevera, las patas del gato dando vueltas por la casa. En el instante en que la botella cae y produce el sonido seco no se escucha nada más. Ese tiempo subyugado al estallido es también el tiempo en el que la persona se vuelve sorda. Después recupera sus sentidos: vuelve a la realidad de los sonidos cotidianos y al tiempo contabilizado. La belleza es fugaz y es inservible.