lunes, enero 18, 2010

El Mito







A veces me confundo
y al mirar las cosas
permito que me hieran.

Crei que con mi sacrificio
todos nos salvaríamos,
que la narrativa era cuestión de épica,
que el amor para ser necesitaba
mártires.

Creí
desesperadamente creí en la inviolabilidad
del lenguaje.
Dejé que las cosas sean mis párpados,
quise hacerme párpados con todas las cosas vistas.

A veces hablo fuerte
para que mi voz se pierda
en el ruido del calentador
y éste sea mi bosque
(sólo un bosque retendrá el relato).

Muchas veces cuento una historia
y me dejo entorpecer por la estructura
de la fábula:
desespero de moraleja
porque sé que la realidad es su ausencia.

Los días se acomodan en el cuerpo
como palabras -el tiempo está pasando para que digamos mes o año- luego como movimientos y verbos.

Visité el monte de las lágrimas
para conjugarme en pasado perfecto
acto ya realizado
narración finalizada.

Me es más fácil levantarme con la fe
puesta en el argumento
así se me permite creer que el sacrificio fue necesario
para el movimiento.

Mi tradición oral empezó
el día que me devoraron el corazón
a partir de ahí delegué la experiencia a la lengua,
convertí mi historia en un mito
(no soportaba más los artificios
de otras vidas).

La estructura básica de la tragedia
para armar con los días una deriva,
una mezcla de géneros
para encontrarme nuevamente
en esta pequeña habitación vacía.

De mi antigua vida
queda una fotografía
con ella empezaré una biblia
o un álbum de retratos de muertos.

domingo, enero 03, 2010

Frontera

Lo blanco como un impulso irrefrenable.
Los héroes existen sólo porque de alguna manera, manifiesta o no, conseguimos identificarnos con ellos.
Anoche soñé nuevamente con un grupo de palomas devorando a una de las suyas. Empezaban por el cerebro no sin antes pedirle consentimiento a la víctima: ¿cómo realizamos la incisión? ¿ te abrimos la parte superior o te cortamos la cabeza?
Ella prefería estar conciente en el proceso, ver como los contornos de las cosas se hacían borrosos antes de desaparecer. El héroe del grupo.
Lo negro como el fin del impulso y el comienzo de otra cosa.
El cadáver de la paloma está llorando, alguien grita.
Mediodía de un domingo en la casa de una familia cualquiera. El hermano menor abre el congelador y ve una paloma sin piel cubierta con film transparente. Grita. La mamá le dice que es una rata y que será la cena de mañana. Mientes, es una paloma, responde él. Entonces es mejor que no mires, dice la madre mientras acaricia la cabeza del hijo.
La rutina diaria como una línea perfecta.
La ansiedad como pequeñas marcas en la línea. No son suficientemente profundas como para ocasionar una curvatura.
Una lámpara emite un sonido constante en una habitación llena de humedad: el ecosistema dónde se traza la línea.
Con la línea se crean fronteras. ¿Cómo se las traspasa sin dejar de ser uno mismo?
¿Lo negro está fuera de la frontera o debajo de la línea?