lunes, marzo 22, 2010

Academia

la verdad era sólo un vicio
para aprender a maltratarnos

el miedo fue mi primera
lección de anatomía

la impotencia me enseñó a
perder el tiempo contemplando
la verticalidad absurda y rígida
de mi vanidad de enamorada

tu sombra todavía mueve
la memoria y los objetos

el amor fue sólo un preámbulo
para aprender a despreciarnos

el dolor es mi versión
definitiva de los hechos

viernes, marzo 05, 2010

Ella

Quizás es lo de menos pero de vez en cuando sueño que su herida está en mi cuerpo.
Me despierto y necesito unos segundos para reconocer mi cuerpo de nuevo. Llego con la mano al lugar de la herida y pienso que ha desaparecido por algún error inexplicable.
Ella está perdiendo el pelo y mientras me lo cuenta yo imagino moluscos cayendo de mi cabeza. Moluscos que se trepan por las paredes para adornar mi soledad y fabricarme una doble enferma. Después de todo, mi rutina también está llena de fallos en el sistema. Hoy por ejemplo la piel de las piernas se me ha llenado de manchas rojas, pero ninguna puede llamarse cicatriz. Hay fallos de correspondencia que intento reparar mientras duermo. Al otro lado del mundo las transformaciones de su cuerpo también me suceden. Pero eso también es lo de menos. Lo importante es el otro lado del mundo en referencia a esta casa. Lo importante es el doble. Lo importante es también la interferencia entre los dos mundos, las falsas correspondencias, los desvíos, el incansable ruido de los recuerdos deformados. Lo importante es el tránsito entre mundos, las reducidas posibilidades de llamar a esto compañía.
Hubo un tiempo en que amé la interferencia, las formas que ella me brindaba. Creí que en la interferencia se hermanaban los dos mundos. Pero ese amor era también una enfermedad. Era mi herida, y en ella perdí el cuerpo. Los sueños son el doble de la interferencia y en ellos está perdido el dolor. Lo que recuerdo era dolor. Me despierto y tardo unos momentos en reconocerme y recordar que no duele. Cuesta librarse por completo de la interferencia.
Hablo con ella y no le digo nada de los sueños o de los moluscos, de mi egoísta forma de estar a su lado.