sábado, julio 17, 2010

Oliverio

Porque Girondo me enseñó a llorar
al tocar los muebles dormidos de la casa
al cantar la melodía de las cañerías viejas
al masticar el rumor de lo cotidiano
en los bares de cafés vespertinos
la ternura incomparable de la arrugas en las cosas viejas
la sabiduría de las cortinas desteñidas
llegué de su mano al incendio
sin pudor al adjetivo.