lunes, julio 11, 2011

Territorio

DETRÁS

No siempre fui fiel en la enfermedad. El rito precisaba mentiras, precisaba una piel paralela. Yo también era la mentira. Y comía y me vestía en ella. Despojado de su artificio, el argumento no era más que un túnel.


DENTRO

Las palabras me hacen paredes. Mi casa es un ser adentro y un ser afuera. Mi casa es el límite porque las palabras son el único lugar, la única apertura. Todo está vivo. Las letras me hacen animista. Los objetos restauran el silencio y las palabras me hacen el lugar. Todo está vivo, también la primera persona del singular. Yo como nombre vivo.


ENCIMA

Tal vez lo roto sea. Tal vez era esto mi posibilidad de jungla. Mi piel muda ante las palabras. Mi piel fría, verde, insecto, mounstro. Categorías del cuerpo en su ser letra y en su ser lengua. Tal vez el resto y el despojo sean la única posibilidad de futuro: un stalker para traspasar de mí a mí, el stalker en mi ser lengua. Tal vez el viento sea la razón por la que las palabras me hacen llanto. Yo como promesa. Yo como estancia rota, palabra rota, piel rota. El viento se lleva las palabras y me construye una nueva intemperie, ahí donde soy otra. El lugar donde también soy otra lengua, promesa, apertura, sombra.


INTEMPERIE

Aprehender el mundo, siendo la h el espasmo, la conmoción, la agonía y el júbilo.
Todas las cosas en su estar ahí, aprendidas como memoria y aprehendidas como aliento, como tacto ausente, como sombra.
Aprehender, siendo la h la realidad de la lengua entera. Siendo la h todo aquello por lo que el cuerpo tiembla. Todo encarnado en la h como si fuera un miembro ausente, la única ausencia necesaria para que existan todas las cosas.
Aprehender, siendo la h la imposibilidad de palabra. La ausencia como luz de verdad. Aletheia.
El cuerpo tiembla y el aliento es la ausencia necesaria para poder estar aquí. Afuera.