martes, septiembre 24, 2013

NADA


Libros muebles gatos
tazas manos calles
palabras ojos plumas
toallas mantas dibujos
y ahora nada.

Lidiar con la nada
y la enfermedad
sin forzar los bordes 
de lo existente.

Límites sin pureza
muros construidos
sobre el órgano
que secreta piedad
como un nombre vivo.

Indiferencia entretenida con
el rostro de lo desconocido
que es idéntico al de lo familiar
(el horror cotidiano del desconocimiento).

Extrañamiento inexplicable
brusco paisaje en ruinas
pueblo abandonado:
los objetos-fantasma buscan
un nuevo lugar 
en el que crecer como malas hierbas
y envenenarme.

Mi casa se sostiene en
la persistencia de las lágrimas
y en el vapor que emana de las manos
que recorren el cuerpo conocido
que también ha muerto.

Mis dedos recuerdan el artificio
y pliegan la transparencia
para generar un cuerpo
de geometrías recordadas
(buscar en la memoria trascendencia).

Mi piel no se resigna a la nada
y se estremece con el contacto
del hueco que ahora condiciona
lo existente.

Casa abandonada de voces inventadas
que narran la historia
que la niña necesita para dormir
rodeada de los recuerdos de 
una infancia inexistente. 

Lo primero que se olvida es la voz
que deja espacio al recuerdo 
del aliento infectado de dolor:
recuerdo-cárcel.

El grito como carcoma que corrompe
la súplica la lengua la hoguera
de mi insistencia.

Algo en lo que sostener la distancia
para no olvidar la fábula
que quizás podría ser habitada
por mi cuerpo enfermo.

Pero la nada corrompe la palabra
y la estructura que resulta
es una pesadilla de cemento
que es el ahora absurdo y contundente.

domingo, septiembre 08, 2013

SUPLEMENTOS

La trama se reduce
al vértigo inicial
y al desencanto
de precipitarse
(o de permanecer en el borde
de lo que se atisba).

***
Alguien sitúa su dolor
en el centro
y silencia con violencia
el inicio del relato.

***
Alguien ejecuta heridas
en otro cuerpo
y recuerda sólo
el gesto trastornado
(no la herida).

***
Deforma el gesto
con rencor  
y con insistencia.

***
Nuevos ángulos para alumbrar la herida:
el gesto magnificado,
monstruoso,
de la lágrima y el grito.

***
Alguien dice que el gesto
requería la violencia
para tensar los límites
de la belleza
y de lo apacible.

***
Con la palabra
se construye
una moral envenenada
y después
se grita.

***
Todo se reduce
al deseo que busca
saciarse
hasta enfermar
los bocetos
del ser ajeno.

***
El deseo se inicia
y se agota
en el discurso de la mentira latente
que acecha en el umbral
de la violencia
(que siempre emerge
y genera nuevas formas
del desprecio).

***
El deseo hace
del gesto de dolor
su alimento.

***
La historia se repite a sí misma:
tener necesidad de dominar a los otros es tanto como necesitarlos.

***
Sólo resta enterrar al cuerpo
con palabras cómodas,
suplementos de la violencia
y del gesto que subyacen
a  la herida.

***
Enterrar el gesto,
enterrar lo que se vislumbró
lo que se deseó
lo que se ha destruido.

***
Enterrar también la herida
que las palabras causaron
en otro cuerpo.
No enterrar las palabras,
hacer con ellas (las mismas)
trazos de belleza.

***
Alguien elige reservar
la violencia para el débil,
para el cuerpo prescindible

***
Enterrado todo
sólo quedan los suplementos:
el vértigo
el grito
la violencia

el gesto.