lunes, abril 21, 2014

Piedad



Piedad como un objeto cotidiano más,
reptando entre los objetos sonámbulos.

Piedad como el aleteo tímido y desproporcionado
con el que llega el fin de todas las cosas.

Piedad que después de un silencio
sostenido en los colores de lo antiguo
se posa ante la atenta mirada de los que sobreviven
agazapados, esperando la redención o la captura.

Piedad cansada e inútil
como la ebriedad insalubre de la memoria
que se rodea de nombres muertos
y de cuerpos rotos.

El gozo de lo familiar herido
por los arrebatos de las posibilidades siempre
vencidas y santificadas:
espectros constantes en los atardeceres
de todas estas instancias que irremediablemente
son lo real, lo inaplazable, lo que la tormenta ha dejado
frágil y podrido.

Piedad signada por la espera húmeda
de otra tormenta que bautice a los culpables
y destruya las faltas de piedra,
que esculpa en ellas nuevos horizontes efímeros
y deforme los vínculos entre lo enfermo y lo sagrado,
entre lo familiar y lo perverso,
entre la piedad y todo lo devastado.

Que en la ruina sobrevivan sólo las memorias buenas,
lo transparente que anida en la sombra del terror
que nos habita.

miércoles, abril 02, 2014

La línea

Antes solía mantener
la cordura en los
rastros de mi estar
(estar-aquí-con-ellos)

Y las imágenes
acompasaban los dulces
derrumbes cotidianos:
la infancia insensata
permaneciendo en  todos
los abecedarios.

Hoy las imágenes
han muerto
y mi estar aquí es
un veneno lento y constante
que horada mis palabras de
lengua rota
paladar roto
cuerpo roto.

A falta de lo real
sólo puedo obsesionarme
con los gestos sólidos
del desencanto
y con los fantasmas que me recuerdan
todos estos nombres
y estos espejos falsos.

La delgada línea entre el acaso y el jamás
entre lo justo y lo insensato
entre lo enfermo y lo necesario
entre mi estar-aquí-con-ellos
y mi desparramarme-en-sus-engaños.