sábado, octubre 08, 2016

Lugares comunes


El Tigris y el Éufrates son

como el Cauca y el Magdalena.



¿Cómo lo sabes?, preguntó.

Porque son nombres nuevos para mí y todavía brillan

en medio de la información que me llega

en este lado del mundo, dije.



Yo  quería  saber nombres de ríos,

nombres de mundo,

palabras  del mundo lejos

para escribir cuentos como los de Borges

en los que esos ríos lejanos

se vuelven íntimos

artefactos del extrañamiento.



La entrada en el mundo nuevo:

la primera harira mientras

pensaba que esa sopa marroquí  tenía

algo de chairo paceño:

las lentejas como pequeñas papas

negras.



Me quedaban por descubrir

las comparaciones equivocadas,

el falso rumor de hogar

en toda mentira.



Tenía 18 años y estaba enferma

de literatura

y alguien me miraba con ternura

mientras decía que antes

en ese restaurante se comía

sin cubiertos

con las manos:

una especie de etnología

de barrio

para la nueva extranjera en zona

migrante.



La ternura en algún momento,

un par de años después,

se convirtió en el deseo irrefrenable

de destruirme:

como el placer repugnante que produce hundir

los dedos

en un trozo de carne

cruda.



[Pero todo era escritura

sólo escritura

y veneno]



Yo bajaba la mirada porque la ternura

a veces quemaba.



La televisión sonaba mientras yo

contaba cuántos hielos tenía

la jarra de agua,

mientras me entretenía viendo

cómo la humedad

de la jarra dibujaba

un círculo en el mantel

de papel,

un círculo que iba creciendo con el paso

del tiempo,

un círculo que oscurecía el papel y lo volvía

frágil.



[La mirada contiene

los daños

que vendrían luego]



Pero yo tenía 18 años y estaba enferma

de literatura

y cuando empecé a recibir

cartas que mencionaban una radio

que se hundía en medio del desierto, mientras

la imagen  de mis labios

(unos labios rojos como los de una heroína de Chandler)

iba desapareciendo,

sólo pude llorar y permanecer

en el desierto,

asediada por lugares

comunes.



Amada v, v de viuda v de vainilla v de vapor:

La temperatura de tu voz se eleva cuando escribes.



El mundo abierto

respiraba en mi boca

enferma de escritura.



[Palabras conjuro

espejo de papel

la ternura quema

como la culpa]



Y ahora pienso que quizás

la  escritura no debería

mezclarse con el amor

nunca.



Lo escrito

lo corrompe todo,

el sentimiento

sólo es parte del argumento

sólo es parte del sacrificio.



A pesar del dolor

todo deviene

lugar común,

escritura mala.



Sentimientos como cubos de hielo en una jarra

que se desborda y destruye la superficie

sobre la que camino,

destruye la inocencia

con la que se dice

duele.



La escritura se convierte para siempre

en el conjuro equivocado,

en el desierto en el que los sentimientos

desentierran una radio olvidada:

algunas moscas explotan alrededor

y expulsan larvas blancas
mientras yo todavía
escribo.




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