sábado, febrero 13, 2016

Invierno

¿Dónde va el dolor del animal cuando muere?

El cuerpo inerte de la rata atropellada 
lo ha liberado
y ahora es una presencia
que recorre mi cuerpo.


Quizás anoche, entre sueños, pude sentir el chillido de dolor,
los segundos cuando todo explotó:
su cuerpo perdiendo órganos
sobre el asfalto.

Su cuerpo convirtiéndose en resto.

La piedad se mezcla con el asco
mientras intento reconstruir las forma del cuerpo 
de rata viva,
con todo su misterio
con toda su capacidad para inspirar temor y ser enfermedad.

Ahora sólo queda entera su cola 
como la cicatriz intacta 
de los hechos.

La rata y yo tenemos la misma capacidad 
de sentir dolor. Es nuestra
naturaleza. Es nuestra
posibilidad de ser reducidas a un cuerpo 
inerte que explota y libera
dolor mientras todas las cosas
del mundo callan,
todas las cosas del mundo olvidan.

Hoy mi cotidianidad es la resistencia 
de la vida que insiste en separarnos:
rata y persona rata 
y ser humano.

Pero anoche la rata alcanzó a chillar 
en un intento inútil de aferrarse a la vida
y ahora sólo es un espectáculo de vísceras con cola
y yo no entiendo muy bien dónde 
queda almacenado el dolor 
del animal cuando muere.

El silencio me inspira una piedad insoportable
mientras la rata
se vuelve espejo.