viernes, junio 24, 2016

SSC

A veces me cuesta saber
si la enfermedad sale de adentro
o es el afuera que penetra.

Quizás la enfermedad es la única
relación posible entre el adentro
y el afuera.

Un exceso de sensibilidad
ante los contornos
del mundo.

También una insistencia
de las percepciones
que se rebelan.
Algo así como una resistencia
orgánica a la forma en que todo
existe.

En cada sutil movimiento
los gestos del mundo rebosan
violencia.
En el encadenamiento de sonidos
mínimos que crispan el cristal
el afuera se muestra
con violencia.

Por eso el insomnio.
Por eso siempre los músculos
de piedra.

Por eso la inquietud constante
la exacerbada manera
de ceder ante el horror
del mundo.

Por eso llamarle horror
a la simple inquietud nocturna
que se llena
de presencias.

Si sabemos leerlas
la vida nos entrega desnudas
todas las señales del miedo.

Cada día un camino preciso
hacia lo que aún inconcluso
desaparece.

Me pregunto cuáles de mis gestos
cotidianos
encierran las señales
del horror penetrando
acercándose mediante el dolor
en determinadas partes del cuerpo.

Enfermedad:
un exceso de sensibilidad
una predisposición animal
hacia el miedo.

A veces me pregunto cómo
es posible seguir lavando
los platos
limpiando la casa
esperando pequeños acontecimientos
si el horror merodea todas
las insignificantes acciones.
Rutinas como conjuros
desvalidos mientras me precipito
en el horror como una fiebre
que a veces
viene desde dentro.
Una fiebre que explota
en la piel y que no logro saber
si es una respuesta
o un veneno.